domingo, 2 de septiembre de 2012
Me rompieron el corazón a los 16
Te estremeces y sigues la ruta que tu cuerpo te impone hasta el espejo. De pie, erguido frente a él, descubres unos ojos húmedos y una nariz encendida. Aunque no lo parecen, son tuyos. Ha ocurrido otra vez, han clavado el cincel en tu coraza dejando una fisura, que si bien no trae consigo un sangrado interno, sí llega acompañada de un duro periodo de autointerrogatorios y culpa.
Ya no lo tienes, no es tuyo. Ahora estás solo con un contrato roto y una libertad que no deseas. No vas a morir y esa quizá es la peor parte, te obligan a seguir andando con tus heridas. Total, a todos les han roto el corazón alguna vez, pero claro, nadie te dio la prescripción para sanarlo.
Hoy mi chico y yo nos sentamos mirándonos las caras en una banca , cada uno con una centena de argumentos, bajo un sol tan cálido que nos seducía a creer que hoy, en efecto, era un día inusual. Debatimos, movimos nuestras piezas con cuidado, como en el ajedrez, guardamos la reina, sacrificamos peones. Hubo un jaque mate para ambos, relajamos las posiciones y la atmósfera se caramelizó. A veces las peleas parecen llevarte al final de todo. Es allí cuando la voz de mi mente lo subestima y replica: " Él no tiene ni idea de lo que es eso".
Aunque solo hayan terminado conmigo una vez, siempre he alardeado de ser duchísima en el desamor. Un retazo de mi inconsciente está convencido de que ya lo vivió todo. Detrás de ello hay una historia ¿Por qué escribirlaí? Porque han pasado tantos años y las cosas van tan bien que no quisiera correr el riesgo de olvidarme de lo vivido, de la experiencia ganada.
Me rompieron el corazón cuando tenía 16. Podría ponerle ese título a una canción, pero no lo haré porque soy muy floja y escribir canciones es más difícil que hacer poesía o contar tu vida, hay que buscarles la "musicalidad".
Yo tenía un semestre cumplido en la universidad y él aún postulaba. Yo presumía de mis nuevos amigos universitarios con él y alardeaba de él con "esa gentita". Yo lo quería como se quiere a los 16, con ilusión de colegial, esa inocencia que considera una tremenda falta de respeto que te agarren el trasero y del sexo ni hablar, cuando me case. Un candor que disfrutaba de los besos porque sabía que no había nada detrás de ellos. Yo tenía 16 y era, como me lo recordaron hace poco, una mosca muerta.
Mi panal de abejas se derrumbó en una semana, los siete días previos al primer aniversario de mi vida ¿Alguna vez sintieron que huyen de ustedes? Él entró al chat, pero no habló; llegó de visita, pero no rió; se fue a una fiesta, no me llevó. Mirando hacia la calle, escuchaba a Laura Pausini decirme "cuando se ama el final se presiente, se nota frío, tan frío". Me cubría la cara. Imposible ¿Le has visto la cara, Laura? Y es que si en algo no me fijé cuando le dije "sí, quiero estar contigo", luego de que me contará toda la historia de cómo me conoció, se hizo mi amigo y le comencé a gustar, fue en su aspecto. Me atrapó su buen humor.
No importaba nada , llegó el día. Él me había garantizado que me recogería de la universidad y esperé donde siempre dos horas, pero no apareció. Fui a casa acumulando ira y esperando chocolates, flores y un peluche, lo que solía hacer cuando metía la pata. Tocó el timbre, me entregó una carta y me dio un beso en la cabeza. Yo, sin abrir el sobre, comencé a llorar.
Resumen
"Conejita XD feliz aniversario. Creo que ha llegado el momento de que nuestras vidas tomen caminos separados. Yo voy a trabajar en un estudio de diseño y ya no voy a tener mucho tiempo para nosotros... bla..." ( Notese el "XD" del texto porque es real). No lo llamé, tenía mi orgullo.
El llanto me duró los tres meses siguientes, profundo, sentido y ruidoso. Perdí la vergüenza, total, yo lloraba por amor. Había desencadenantes de mi drama por todos lados: música, películas, flores, bancas de la universidad, África, la clase de sociología, etc. Párrafos atrás hablaba de la culpa. Hice el examen de conciencia más largo de mi vida (a los 16) y, por supuesto, me consideré culpable de todos los cargos que nadie que imputó. Buenos amigos, fuertes horas de ejercicio y mi familia lograron convencerme de lo contrario.
¿Cómo lo superé? Un clavo saca a otro clavo. El problema es que yo elegí a la primera tachuela que se cruzó en mi camino. Esa es otra historia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Muy buena Nancy! cuéntate otra. El chato.
ResponderEliminar