miércoles, 27 de junio de 2012

El borracho de la combi

Uno de los placeres culposos que siempre me permitiré y nunca nadie comprenderá es el de viajar en microbus o en combi. Siempre me sentí fascinada al camuflarme en la atmósfera informal y charlatana del servicio de transporte público. Sentarme el bus, sobre todo cuando no llevo prisa,  me permite disfrutar de un retazo de la piel del viajero; una sensación de descubrimiento constante.

Solo existe un detalle que, de sumarse a la oferta de promesas que se me otorgan al pagar el importe de un sol del pasaje y el exceso que agrega el cobrador, haría que cada uno de mis recorridos sea perfecto: la reserva de derecho de admisión. No, no me volví prejuiciosa, ni racista. El único personaje que desearía expulsar de mi entorno es al ya icónico borracho de la combi.

Aún no entiendo el porqué. Quizá sea cuestión de química o de psicología, quizá hay un instinto primitivo de supervivencia que predispone a los dipsómanos a atacar a las pecosas. La única certeza que tengo es la empírica, ya que cada minúscula vez que un sujeto pasado de copas ha ingresado a mi atesorado y maloliente refugio, ha terminado agobiándome, reclamándome cosas y hasta sintiéndose indignado por algo que hice con una superioridad moral que solo un borracho puede presumir.

El problema de las situaciones incómodas en el bus es que dejan de serlo cuando bajas y, en unas horas, se almacenan en la zona "delete" de la memoria. Y, sin que le des muchas vueltas, llegan días como el de hoy, en los que recuerdas por qué a veces es importante tener un gas pimienta en la cartera.

Salí temprano del diario rumbo a una sesión de manicure, recurso al que apelo para dejar de morderme las uñas porque me da miedo comerme el esmalte (estoy segura de que es tóxico y soy muy astuta como para dejarme morir por algo así). Pude ir en colectivo, pero a quién voy a engañar: soy tacaña. Me dejé llevar como siempre desde el cruce de las avenidas Miro Quesada y Carabaya hasta Dos de Mayo.

En el paradero la vi: una combi con un sitio vacío. Hay mucha gente esperando alrededor, probablemente desde hace más de 20 minutos, pero no va por el asiento. Y como yo soy muy viva, me apuro, camino a través de la gente con una sonrisa presumida en el rostro y me siento. La combi arranca de inmediato y de inmediato mi olfato lo percibe: aliento de borracho, justo detrás de mí.

No se trataba de cualquier borracho, este era chalaco y, por lo que balbuceaba, las veces que mencionó el alegre barrio de Atahualpa, el profundo rencor que le tenía a sus vecinos de Loreto  y la pinta que se traía, también era delincuente. Yo ya no me sentía tan viva.

"Basta, no tiene porqué atacarte si no le haces nada. Lee. Sí, haz eso.", pensé. Fue allí cuando vi las Converse imitación, sucias y deterioradas, asomarse al lado de mi asiento. El sujeto había estirado las piernas y se encontraba tumbado en la fila de atrás, la más peligrosa en una combi.

Me relajé, juré que no le haría caso, saqué mi libro de turno y empecé a leer, siempre fijándome por dónde íbamos. El viaje se prolongó un siglo, pero al menos no me había pasado nada; sin embargo, tres cuadras antes de bajar, sentí que alguien recostó su brazo en donde yo apoyaba mi cuello. Volteé instintivamente y el borracho retiró la mano. "Voy a darle su espacio", pensé, y me incliné hacia adelante. Fue allí cuando empezó el  ataque.

El sujeto, hipersensible y herido en su orgullo atahualpino, me preguntó. "¿Te pasa algo conmigo?¿Te jodo?" , impregnando el ambiente de su aliento a tinner. Yo miré al cobrador en busca de auxilio, pero el darme cuenta que este era incluso menos vivo que yo, le respondí al borracho ( que en las proyecciones de mi imaginación portaba un arma): "no señor, yo jamás". Balbucea y levanta un brazo, pero ya hemos llegado a mi paradero. Lo esquivo, me levanto y me marcho, pensando de nuevo en el gas pimienta que, probablemente, jamás llegaré a comprar.



domingo, 24 de junio de 2012

De lanzamiento!

"El primer paso siempre es el más difícil": Eso dicen las abuelas. Yo no les creo ni a ellas, ni a la complejidad de los primeros pasos. Le tengo más fe a la flojera que me causa el emprendimiento, la misma que me ha hecho postergar el lanzamiento de mi "diario a voces" (blog). Aquí narraré detalles sobre mi día a día, con amigos, enamorado, familia, compañeros, todos.

¿Por qué leerme? Porque soy una mortal más de 21 años con ganas de hacer una catarsis de todas y cada una de sus metidas de pata y de celebrar los buenos momentos. Así que si no les sorprende lo que pasa en mi vida, por lo menos, se llevarán un buen chisme.

PD: Hoy he dado un primer paso.